AGENCIA LACANIANA DE PRENSA
Par’s, lunes 24 de septiembre de 2001, 15hs.

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LAS TORRES GEMELAS: LA OPINION DE TRES PSICOANALISTAS

ƒRIC LAURENT (Escuela de la Causa freudiana, Par’s)

ABEL FAINSTEIN (Asociaci—n Psicoanal’tica Argentina, Buenos Aires)

JACQUES-ALAIN MILLER (Asociaci—n Mundial de Psicoan‡lisis, Par’s)

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LAS TORRES NO FUERON ATACADAS COMO SêMBOLO

Paris, 21 de septiembre (ALP) Eric Laurent, psicoanalista, rue Saint-Roch de Par’s, Presidente de la Escuela de la Causa freudiana (AMP), hizo llegar a la Agencia el siguiente comentario: Antes de derrumbarse y, por eso mismo, antes de existir para siempre como uno de los nombres del horror, se dec’a que las Torres eran "s’mbolos". Las Torres Gemelas, conocidas originalmente con el nombre de pila de los dos hermanos Rockefeller, David y Nelson, quienes llevaron el proyecto a tŽrmino, se hab’an convertido en s’mbolos de la ciudad. Pero Àcu‡l? Segœn los cr’ticos, todas las significaciones se hallaban ah’: el poder, la riqueza, el orgullo, la guerra, pero tambiŽn la paz, la banalidad, la incoherencia. Un s’mbolo no representa una sola significaci—n, Žl encarna m‡s bien, como LŽvi-Strauss dice del mana, algo del poder de la significaci—n en s’.

El funcionalismo en arquitectura detesta el simbolismo. Despreciando la significaci—n, se atiene a la funci—n. La casa es "m‡quina de habitar" (expresi—n de Le Corbusier). Esta ablaci—n sem‡ntica tiene resultados paradojales: eso no funciona. En la exposici—n Mies Van Der Rohe que he visitado este verano en el MOMA de New York, uno puede seguir los avatares del proceso interminable que inici— la comanditaria de una ciudad paradigm‡tica al arquitecto: la casa era genial, pero inhabitable. De la misma manera, las Torres Gemelas, concebidas como "m‡quinas de oficinas para financistas", permanecieron vac’as durante mucho tiempo.

Fue necesaria la expansi—n de la pretendida Nueva Econom’a para que se igualen finalmente a su funci—n. Las Torres se convirtieron enseguida en el s’mbolo del modo de vida de la ciudad de los rascacielos. Fueron entonces, a la vez, funci—n y s’mbolo. Pero ellas existieron ante todo como objeto. El objeto del que se trata aqu’ es la plusval’a (o el "plus-de-gozar") extra’do por Wall Street de la mundializaci—n de los mercados.

Si los terroristas hubieran apuntado al s’mbolo o a la funci—n, les hubiera bastado atacar de noche cuando las Torres estaban vac’as. Su voluntad era, al contrario, la de alcanzar el objeto de goce y matar hombres, asesinar en masa, cuanto m‡s mejor. Los asesinos-suicidas quieren la muerte. Gozan del espanto del otro. Su transfiguraci—n circul— repetidamente por los medios. Su ambici—n es producir lo que ser’a el signo puro del odio, el que hipnotiza absolutamente, que anula toda significaci—n, y testimonia de una voluntad tan malvada como la del Dios de Angelus Silesius. En s’ntesis, ha nacido la progenitura maldita: la nueva cruz gamada del siglo XXI..

EL DERRUMBE DE LOS REFERENTES SIMBîLICOS.
Par’s, 22 de septiembre (ALP). J.A. Miller nos comunica su traducci—n resumida del art’culo aparecido hoy en el peri—dico Clar’n, de Buenos Aires, y que reproduce las ideas de Abel Fainstein, Presidente de la APA (Asociaci—n Psicoanal’tica Argentina, IPA). ƒste recuerda el atentado que tuvo lugar en Buenos Aires en julio de 1994 contra el edificio de la AMIA, la Asociaci—n Mutual Israelita Argentina, en la que murieron 85 personas, y la participaci—n de los psicoanalistas de la APA en la atenci—n brindada en el Hospital de Cl’nicas de Buenos Aires (UBA) y en el trabajo de prevenci—n en las escuelas de la zona del atentado. As’mismo, la APA cre— un grupo de investigaciones cl’nicas sobre los "Efectos de la realidad social sobre el psiquismo", que todav’a existe.

La barbarie del acto del 11 de septiembre, explica el Sr. Fainstein, desborda toda posibilidad psicol—gica de comprensi—n. La angustia ante lo que pas—, el estupor ante lo que podr’a pasar (una guerra sin duraci—n previsible y sin objetivo preciso), son de una naturaleza tal que generan traumatismos. El ataque contra las Torres Gemelas y el Pent‡gono tiene un alto valor simb—lico, puesto que estos edificios son s’mbolos del poder del pa’s m‡s poderoso del planeta, pa’s que es para muchos la referencia de la libertad y del progreso en Occidente. La crisis de los referentes simb—licos nos deja sin defensa para hacer frente a las exigencias de la vida cotidiana. Estamos acostumbrados a comprender lo que ocurre en la realidad y lo que nos pasa a nosotros gracias a estos referentes, y su derrumbe nos deja perplejos: ya no sabemos d—nde estamos.

El practicante explica c—mo el psicoan‡lisis aborda el problema a partir de la teor’a del trauma: al comienzo, no es necesario tratar de dar demasiado sentido a lo que pas—, sino reconstruir la situaci—n lo m‡s objetivamente posible a partir de los datos perceptivos. Luego, segœn la naturaleza de los casos, se comenzar‡ o no un tratamiento psicol—gico. Una depresi—n puede aparecer.

Abel Fainstein evoca los efectos psicol—gicos del atentado sobre la poblaci—n argentina (cuya mayor parte vive actualmente en una situation econ—mica muy dif’cil), antes de dar una se–al de optimismo, confiando en la eficacia del lazo social para poner una barrera al sentimiento de desamparo y a las amenazas de violencia.

EL DELIRIO COLECTIVO DE LOS FANATICOS DE LA MUERTE.
Par’s, 23 de septiembre (ALP). J-A. Miller ha declarado: "He recibido de mi amigo Mario Goldenberg, psicoanalista de Buenos Aires, Director-adjunto de la EOL (AMP) el art’culo del Clar’n por correo electr—nico. Dada la penetraci—n del freudismo en todas las capas de la poblaci—n, no es sorprendente que el m‡s difundido de los peri—dicos argentinos haya querido recoger los comentarios de un psicoanalista sobre el acontecimiento del 11 de septiembre; es claro entonces que se haya dirigido al Presidente de la m‡s importante asociaci—n argentina de psicoan‡lisis, la m‡s antigua y la m‡s numerosa, que est‡ presente y activa en la vida intelectual y social del pa’s. En este sentido, la APA es un ejemplo para los psicoanalistas del mundo entero".

ÀCon quiŽn est‡ usted de acuerdo, con Fainstein o con Laurent ?

ÁCon los dos! Sus aproximaciones al tema son complementarias. Destaco antes que nada que los dos analistas, independientemente el uno del otro, han querido comentar el acontecimiento. Uno lo hizo en el bolet’n de la ALP, difundido gratuitamente por correo electr—nico a los 3000 inscriptos de la lista AMP-UQBAR (en cinco lenguas: francŽs, espa–ol,Ê portuguŽs, italiano, inglŽs) y, en papel, a 500 personalidades francesas de la cultura, la prensa y el psicoan‡lisis. El otro se expres— a travŽs de un peri—dico nacional con un tiraje de m‡s de un mill—n de ejemplares. Todav’a tenemos mucho que hacer para alcanzar el nivel argentino.

Abel Fainstein y ƒric Laurent se conocen y se aprecian. Laurent ha dado recientemente una conferencia en la APA, Fainstein ha sido entrevistado por El Caldero, la revista de la EOL, la Escuela argentina del Campo freudiano. Abel Fainstein no es lacaniano, pero reconoce estar influenciado por el pensamiento de Lacan; desde mi punto de vista, Žl estar’a de acuerdo en decir que su idea de los referentes simb—licos -indispensables para la comprensi—n de "lo que ocurre"- traduce la influencia lacaniana.

Pero ellos dicen lo contrario el uno del otro: Laurent piensa que no se trata de s’mbolos, Fainstein pone el acento en lo simb—lico.

No, es m‡s sutil que eso. Laurent privilegia sin duda la vertiente del "objeto", pero reconoce que las Torres son tambiŽn s’mbolos. Fainstein privilegia el s’mbolo, pero se refiere tambiŽn a los efectos del atentado sobre el psiquismo de los vivientes. De hecho, cada uno ilustra las dos vertientes del pensamiento psicoanal’tico actual: la vertiente del significante, del marco simb—lico, la vertiente del objeto, del goce. Estos dos momentos no se oponen, sino que se dialectizan o se ponen en tensi—n.

ÀCu‡l es su opini—n?

ÁNo lo sŽ todav’a! Soy m‡s lento. TambiŽn estoy limitado por el hecho de no tener televisi—n y no he tenido tiempo estos d’as de leer la prensa. S—lo sŽ lo que me han dicho, especialmente mis pacientes. Ah’ notŽ una reacci—n terapŽutica positiva, evidentemente transitoria: "QuŽ son mis peque–as miserias en comparaci—n con ...", etc. Es un efecto ya se–alado por Freud: las neurosis mejoran en tiempos de guerra o de cat‡strofe. Por el contrario, estos mismos acontecimientos pueden provocar delirios, incluso desencadenar psicosis, pero solamente en los sujetos que poseen esta estructura cl’nica: no es loco el que quiere, dec’a Lacan. En cuanto a los perversos, el acontecimiento puede satisfacer el sadismo de los m‡s exigentes. Hay, si me permiten decirlo, "sangre, voluptuosidad y muerte", t’tulo de Maurice Barr�s del cual Montherlant se ri—. Pero s‡dicos somos todos a nivel de la pulsi—n. Las grandes frases sobre el horror, que se prodigan siempre ante las cat‡strofes, son un ritual hecho para ocultar la satisfacci—n inconsciente, il’cita, moralmente inasumible que el acontecimiento procura al sujeto. Adem‡s, todos nosotros somos sobrevivientes; por consiguiente, estamos contentos.

ÁSe le reprochar‡ esta frase!

ÀPara quŽ los psicoanalistas -como dicen aproximadamente Heidegger y Jean-Fran�ois Revel- en estos tiempos de desamparo, si s—lo est‡n para decir lo que todo el mundo dice muy bien? El inconsciente, el hecho de que haya inconsciente, quiere decir que todo el mundo miente. Ser’a necesario que los psicoanalistas lo hagan un poco menos. "Estamos contentos", inconscientemente por supuesto, tambiŽn quiere decir -como lo subraya Abel Fainstein- que, aœn a miles de kil—metros, somos todos v’ctimas de los atentados de Nueva York y Washington. Los medios, difundiŽndolo esparcen el terror. Lo eternizan fugitivamente en un tiempo suspendido, el del fantasma. Es lo que Lacan llama "el entre-dos-muertes": la muerte f’sica ha tenido lugar, pero antes de que el recuerdo se disipe y que el acontecimiento se reabsorba en el orden inmutable de "la naturaleza" donde nada ha pasado, nada en absoluto, en el intervalo obtendremos -del acontecimiento que reprobamos concientemente- su plusval’a de goce inconsciente.

El 11 de septiembre ha hecho de lo Universal algo definitivamente presente, efectivo, Wirklich. Todo el mundo (o casi, ya que la televisi—n no llega a todos lados, como al coraz—n del çfrica o a mi casa, por ejemplo) ha hablado del mismo tema al mismo tiempo. Ah’ est‡ ella, la Sociedad del Espect‡culo Total, genialmente anticipada en los a–os 60 por Guy Debord a partir de las reflexiones de su maestro Henri Lefebvre, marxista original. Es el Grand Guignol planetario, acompa–ado de deploraciones obligadas del coro de la tragedia: "ÁHorror! ÁDesolaci—n! ÁEspanto!" Es especialmente la televisi—n la que instala la hipnosis en los hogares, como lo se–ala ƒric Laurent.

DespuŽs de haber convocado a una cruzada del bien contra el mal que testimonia de una identificaci—n con el agresor, el presidente de la gran naci—n enlutada se dirigi— felizmente a una mezquita. ÁBravo! En los Estados Unidos hay una opini—n ilustrada vigorosa que lucha contra los sectores oscurantistas y belicistas, cuyo sadismo se expresa a menudo a coraz—n abierto: se discute sobre la vitrificaci—n de Afganist‡n. A los de mi generaci—n, esto les traer‡ recuerdos del general Curtis Le May prometiendo "to bomb Vietnam back to the Stone Age" (bombardear Vietnam hasta hacerla volver a la Edad de Piedra). Se sabe lo que ocurri—. Se conoce tambiŽn, gracias a sus Memorias, el drama subjetivo de un Robert Mc Namara, arrastrado a la locura del body-count.

Es m‡s all‡ del odio, del horror y del espanto que hay que explorar las v’as de la raz—n. Los hijos de Freud no se dejar‡n intimidar por las buenas conciencias de todo tipo que fomentan sus abyecciones. El sistema nervioso de las masas, como dec’a Nietzsche, hoy est‡ sacudido por lo que Žl llamaba "el delirio colectivo de los fan‡ticos de la muerte", cuyo grito atroz estigmatizaba : "Evviva la morte", y donde ve’a el resultado del "training de la penitencia y de la redenci—n" (La gŽnŽalogie de la morale, III, 21, p. 331 de la ed. NRF, 1971). La salud pœblica -elijo con cuidado mis palabras- exige hoy la rebeli—n de los intelectuales. Llamo "intelectuales" a los que se esfuerzan en "pensar por ellos mismos" (Kant), y no tienen la intenci—n de dejarse llevar por los bandos contrarios de "sacerdotes ascŽticos" que se esfuerzan por conducir a las masas -cual reba–o- a la carnicer’a, a fin de satisfacer a travŽs de su sacrificio el goce de algœn oscuro Moloch. Recuerden ustedes la guerra Irak-Ir‡n. ÁSe necesitar’an ComitŽs "anti-muerte" de base!

Y usted, ÀquŽ va a hacer?

En principio, poco, ya que parto de cero. Pienso en una revista mensual, que ser’a uno de los —rganos de esta rebeli—n necesaria de la que hablo, el iluminador de las Nuevas Luces. HarŽ m‡s si esta iniciativa encuentra un eco en la opini—n ilustrada a la que me dirig’ prioritariamente. Voy a movilizar a mis amigos y tambiŽn a los que no lo son. Cuento con la ayuda de la casa que edita a Lacan desde 1966, las ƒditions du Seuil. No se edita a Lacan tan fielmente desde hace tanto tiempo sin tener el sentido de la urgencia. Los intelectuales americanos se manifiestan. Hemos le’do en Le Monde a Susan Sontag, la gran barthesiana del Otro lado del Atl‡ntico. Est‡ muy bien. ÁViva AmŽrica!

Traducci—n: Alejandra Eidelberg

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